domingo, 29 de junio de 2008

Primer cuento de PJ Sánchez (Parte I)

P.J Sánchez en

Justicia con pasión

Estaba sentado en mi oficina, esperando que las horas se consumieran para terminar de cumplir con el horario de la oficina, al conserje le molestara que me fuera antes de las seis, no sé la razón exacta, debe ser alguna manía de una persona como él que ya rozaba los 80 años de edad.

Revisaba mi correo, adelantaba todo lo que podía de algunos casos archivados, en el olvido, pero siempre era bueno echarle una segunda ojeada, algún detalle que haya quedado por ahí, una pista que nos diera ese cierre definitivo…

Ya comenzaba el turno de la noche y estaba esperando por mi compañero que le tocaba la guardia nocturna, pero el silencio frío, sólo alimentado por el aire acondicionado, fue interrumpido por la radio que llamaba a todas las unidades disponibles.

Mientras trataba de entender que decían en la radio, sonó mi celular con una conocida canción rock and rollera, la cual estaba signada si me llamaba el capitán, era obvio que iba a entrar en acción.


-
Aquí Sánchez.


- Sánchez, venga a Alta Vista. Ha pasado algo extraño y quiero que usted se ponga a cargo.


- Voy saliendo capitán. ¿Qué parte de Alta Vista?


- En Macro Centro. En el Banco Nacional. Apúrate. Ya hay muchos uniformados aquí.

Agarré la chaqueta que descansaba sobre la silla, hecha de un negro intenso de cuero y unas letras amarillas atrás delataban mi trabajo, “detective municipal”. Mi pistola estaba enfundada en mi cintura, mis blue jeanes estaban secos y mi camisa también, en ese momento entró el compañero de la guardia nocturna.


-
Charlie boy, estoy saliendo hacia el Banco Nacional en Alta Vista. ¿Me acompañas?


- ¿Por qué no? Sabes que en esta ciudad no hay muchas ocasiones en que nos llamen a la calle. Me voy tomando el café en la vía.


El asfalto estaba húmedo. Había caído un torrencial aguacero unos segundos antes de salir del edificio, el cual era una dependencia de la Comisaría Municipal, pero por alguna razón nos habían colocado a nosotros ahí, en el centro de la ciudad.

Todavía caían unas tímidas gotas del cielo gris oscuro. Nos montamos en el rústico blanco con el símbolo de la policía en las puertas. La gente nos veía con recelo, así siempre nos veían, pero nosotros siempre pendientes del trabajo fuimos directo hacia el centro comercial, que hace unos años era el más visitado de la ciudad, pero hoy es una guarida de anti-sociales.

- ¿Qué ocurrió?

- No lo sé, el capitán sólo me llamó y me dijo que quería que me encargara de eso… parecía un atraco de banco.

- Si te llamaron es porque hay un muerto. ¿Y qué hubo en el resto del día?

- No mucho, en la mañana llamaron de un tipo que había aparecido en Castillito, muerto. Parecía una cobrada. Tenía un tiro en la frente.


- Bue… métete por detrás del colegio, vamos a tratar de evitar las colas de esta hora.

- Copiado hermano…

Y así seguía manejando, mientras Charlie Boy iba cambiando las emisoras radiales, esperando escuchar algo que nos entretuviera a los dos y despejar la mente antes de llegar al sitio.

Una cuadra antes de llegar al sitio, se puede observar el reflejo de las luces rojas y azules brillando en las paredes del centro comercial y los edificios de alrededor. Charlie Boy y yo habíamos bajado del auto y tratábamos de abrirnos paso entre la gente curiosa que se aglomeraba ante el cordel de seguridad de la policía.

- Capitán, aquí estamos.

- P.J, Charlie, bienvenidos muchachos, entremos al banco. La policía científica no ha movido nada aún. Les dije que esperaran, esto tienen que verlo.

El capitán Aurelio estaba vestido con una camisa blanca, desabotonada en los tres botones más cerca del cuello, lo que dejaba observar sus vellos blancos del pecho debajo de su gruesa cadena de oro.

Su figura física asemejaba más bien a la de un camionero sedentario, salvo que su pistola en la cintura delataba su profesión. Un cigarro siempre estaba en sus labios, los cuales sólo los movía si era muy necesario. Ahorraba cada palabra.

- Aquí está el bicho.

Dice el capitán señalando con su boca al cuerpo sin vida de un muchacho joven, moreno, flaco, acostado boca abajo y la sangre se chorreaba por todo el piso de cerámica.

Lo volteé con mucho cuidado, ya me había puesto los guantes quirúrgicos y Charlie Boy estaba en el procedimiento de colocárselos.

- La cuestión fue muy violenta, según los testigos. Le clavaron el tiro por la espalda, en toda la cabeza. No hubo robo y el guardia fue anulado antes de que pudiera reaccionar. La persona salió corriendo, tenía un sueter…

- Y por ser viernes de quincena se perdió entre la multitud… me imagino. Este centro comercial sólo se llena cuando hay quincena, del resto está siempre desierto.

- Correcto Sánchez. Les dejo esto en sus manos. ¿Ya reconociste al cadáver?

- Sí, era “el José”. Tenía tiempo que no caía en nada, estaba tranquilo. Dicen que se había salido de la mala vida.

- Pues quien lo haya asesinado no lo sabía. Quiero que averigües esto, yo voy a hablar con el gerente del banco. Está decidido en declarar esto un intento de robo.

El capitán se alejó para conversar con el caballero vestido de un traje gris y una corbata roja. Caucásico, con lentes redondos y bien peinado. Mientras Charlie y yo veíamos el cuerpo sin vida de “El José”.

- ¿Venganza? ¿Crees eso?

- Es una de las posibilidades. Pero si la persona quería cobrarle una a este caballero, debió de haberle disparado de frente, para que se asegurara de que lo viera. ¿Sabes?

Charlie y yo nos levantamos y le muestro haciendo como si le estuviera disparando con una pistola.

- Observa, te digo algo, me aseguro de que me veas y te clavo un tiro en la frente… pero este no fue así. Era alguien que él conocía y que además le temía. Le disparó desde atrás… quizás desde la puerta. Mira, hay unos veinte pasos de aquí a la puerta. Lo vieron entre la multitud, disparó con precisión y el vigilante no pudo hacer nada cuando ya se había ido… de seguro ni se dio cuenta si le había dado o no a su objetivo.

- Deberíamos de hablar con el vigilante. Allá está.

- Sí Charlie Boy, es momento de hablar con los testigos.

El vigilante estaba sentado, tenía cara de no pasar de los 30 años de edad, estaba muy asustado, sólo veía el piso, sentado junto a los otros testigos en los asientos del banco, mientras que la policía científica se encargaba de mover el cuerpo.

- ¿Antonio Castellanos?

El vigilante, todavía temblando se levantó decididamente, Charlie Boy y yo lo alejamos un poco del sitio.

- ¿Está nervioso? ¿Qué le pasa?

- Pues que es mucha mala suerte señor, apenas llevo tres días trabajando en este banco y ya lo atracan. ¿Sabe cómo va a quedar eso en mi expediente? Y yo que necesito de un trabajo.

- Sí, y usted es el principal sospechoso. Pero si me dice qué vio con detalles, entonces podremos dejarlo tranquilo pronto y que pueda volver con su familia.

- La verdad es que vi muy poco. Estaba hablando con la cajera de la caja cinco, que estaba arreglando unas cosas y de repente sonó el disparo. Todo el mundo estaba en el piso y yo saqué el arma mientras iba a buscar al tipo. Pero se me perdió entre la multitud. La gente me decía pa’ donde agarró, pero llegué a salir del centro comercial y no lo vi.

- ¿Su puesto no es al lado de la puerta? (preguntó Charlie Boy)

- Sí… por eso no le diga nada al gerente, por favor.

- ¿De que no estaba al lado de la puerta? (pregunté yo)

- No, de que estaba hablando con la cajera. Mirna. Es que soy un hombre casado y el gerente es amigo de mi esposa. Él fue quien me la movió para venir aquí.

- Creo que debes de estar más preocupado por otras cosas que por su esposa…

- No comisario, si usted conociera a mi esposa preferiría ir preso… ¡Yo prefiero ir preso!

Nos alejamos del vigilante, Charlie Boy y yo no podíamos creerlo, el tipo estaba más preocupado por su esposa que por él.

- Es que he escuchado unas cosas en este trabajo…

- Sí Charlie Boy. Hablemos con Mirna, a ver que nos dice.

- Correcto. Tu teoría está agarrando forma.

- Sí, sobre todo si el vigilante no estaba en su puesto. ¿Mirna? ¿Quién es Mirna?

Una escultural pelirroja se levantó de su asiento, se acercó a nosotros y nos alejamos un poco del sitio. Sus labios pronunciados eran muy llamativos por lo rojo de la pintura de labios y sus ojos verde claro atraían a cualquiera.

- Dígame detective.

- Antonio nos estaba diciendo que estaba hablando con usted cuando sonó el disparo.

- Ay sí… me da mucha pena con él. Cada vez que tiene la oportunidad de hablarme, se me acerca.

- ¿Alguien más lo ha notado?

- Creo que sí, es un vigilante nuevo y todos en el trabajo se le quedan viendo.

- Claro, ahora, usted estaba de frente a la puerta y Antonio la estaba viendo a usted. ¿Pudo ver algo?

- No, lo siento. Estaba muy ocupada contando el dinero… aunque, lo que pude ver fue la pistola, fue algo rápido, no pude ver mucho.

- Lo que haya visto nos ayudará.

- Era un zurdo, por como estaba agarrando el arma, pero todo fue tan rápido. Sonó el disparó, el tipo cayó, Antonio salió corriendo y todos los demás cajeros se habían agachado. Yo fui la única que se quedó congelada… luego no recuerdo más, hasta que estaba sentada en aquél sillón.

- Gracias. Por favor, manténgase en contacto. Aquí está mi tarjeta.

- ¿P.J Sánchez?

- Paulo Javier Sánchez, un placer. Y él es Carlos Boy. Somos detectives de la policía municipal. Cualquier cosa que recuerde, llámenos.

La pelirroja se alejó con su lento caminar, muy llamativo a los ojos de cualquier hombre.

- Algo nos ha dicho. Eso nos ayudará. Habla con el resto de la gente. Voy a salir un momento.

Le dejé el trabajo más exhaustivo a Charlie Boy, pero no me molestaba, a él le gustaba entrevistar testigos y tenía una manera especial de hablar con ellos. Yo era más seco y de repente necesitaba salir de la escena, al igual que la gente de la policía científica, que estaban sacando el cuerpo tapado por una bolsa negra.

Ya habían menos curiosos, decidí caminar por el pasillo del centro comercial en dirección donde había huido supuestamente el agresor. ¡Que sorpresa! Había una peluquería en la vía, las peluqueras son excelentes testigos, tienen la habilidad de saber que está pasando afuera al mismo tiempo que hacen los cortes de cabello.

Entro con el saludo de las buenas noches respectivos, habían alrededor de seis puestos donde atendían las peluqueras, de las cuales sólo dos estaban trabajando, el resto me quedaba viendo sentadas alrededor de la caja.

Una señora de piel oscura, regordeta y de cabello azul claro salió y defendió a sus trabajadoras.

- Sí, buenas noches. ¿Qué desea?

- Mi nombre es Paulo Javier Sánchez, soy detective de la policía municipal y necesitaba que me dijeran si habían visto algo. Cualquier cosa ayudaría.

De repente el silencio fue quebrado por las palabras disparadas que salían de las trabajadoras e incluso de los clientes del establecimiento. Hasta que la señora que había hablado al principio pidió calma.

- Me disculpa joven, pero es que usted sabe, una situación como esta no es tan a menudo. Siéntese. ¿Quiere un café?

- No, estoy bien, dígame usted primero, ¿señora…?

- Carmen, Carmen Salazar. Le cuento que estábamos todas aquí trabajando y de repente escuchamos el disparo. Nos quedamos mudas y vimos hacia la ventana. Porque como puede ver la vitrina nos deja ver todo el pasillo y cuando Eliza iba a salir a ver entonces pasó el tipo corriendo, con un sueter gris oscuro, encapuchao.

- Está bien señora Carmen. ¿Vio hacia qué dirección corrió?

- Sí, derecho, como hacia la parada de autobuses, pero como había mucha gente no sabría decirle si…

- ¡Es que les digo que no salió por ahí! ¡Se metió por los carros!

- ¿Usted lo vio, señorita…?

- ¡Señora Eliza! Estoy casada, aunque tenga 23 años, y no, no fue porque estaba preñada como dice Yulaxis.

- ¡Sí, mi amor! ¡Ta bien!

En seguida empezó una discusión por si el bebé de Eliza era o no la razón del matrimonio, hasta que una vez más Carmen pidió orden.

- Continúe Eliza, ¿me decía?

- Bueno, que como le estaba diciendo Carmen yo intenté salir a ver si veía algo, pero el encapuchao corrió entre la gente. Pero no estoy segura. Creo que salió del pasillo y se fue hacia el estacionamiento. Cruzó y salió por una de las salidas de los laterales.

- Muchas gracias Eliza. ¿Alguien más quiere agregar algo…? ¿Sobre el encapuchado que vieron?

La peluquería volvió a quedar en un silencio tenso, ni siquiera las tijeras emitían ruido porque se habían detenido observándome.

- bueno, si no hay más nada entonces muchas gracias. Aquí está mi tarjeta señora Carmen. Cualquier cosa me avisa si recuerdan algo más ¿Está bien?

- Sí mijo, vaya con Dios. Cualquier cosa nosotras le avisamos, ¿oyó?.

Me retiro de la peluquería y observo en dirección hacia la parada del autobús. Ya había encontrado el problema, el portón entre la parada y el centro comercial era muy pequeño y la gente se aglomeraba ahí, de seguro el disparador buscó una salida menos transitada, y ahí estaba, después del estacionamiento había una pequeña puerta.

- P.J, ya hablé con la gente del banco. El señor que estaba de último en la fila lo describe como si fuera un deportista, pues tenía zapatos blancos deportivos y un mono negro.

- De seguro era para correr mejor. Vamos Charlie Boy, vayamos a ver hacia donde nos lleva esa salida.

Siguiendo la posible ruta de escape del asesino, llegamos hasta la salida, cruzamos una transitada calle y fuimos a parar a una plaza con muchas esculturas, la cual se la pasa llena de hippies vendiendo artesanías.

- Por aquí tuvo que haber pasado. Déjame hablar con uno de ellos Charlie Boy.

Me acerco a un flaco, de cabello largo y poblada barba. Su piel era oscura a causa del sol y ya estaba recogiendo sus cosas para marcharse a su casa.

(continuará...)

1 comentario:

Juan francisco dijo...

me imagino las imagenes de los testigos dando su version en blanco y negro, cada quien a su manera.