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viernes, 8 de agosto de 2014

Thiago Kubiak on a mission



Thiago is drinking a a glass of water in a corner, watching all the people surrounded him.

He smiles ocassionally, and when pretty ladies reach to him, he just answers in monosyllables. His full atention is in the golden chains, diamond tiaras and colorful jewel rings used by men and women.

"Hey you... are you the guardian of this corner?" says a green eyes brunette, with a cup of wine in her left hand.

"Hello, miss...?" Thiago answers.

"Miss Klaychewaskim... my pleasure" the brunette extends her right hand. No ring, no chain, no nothing.

"Hello... Miss... It's a pleasure, in deed".

"So... what's the name of the guardian?" says Klaychewaskim.

But Thiago does not answer. His eyes are trapped in a blue gem necklace of a tall blonde lady.

"Hello?", Miss Klaycheswakim insists.

"Oh... right... I'm sorry... my name is Joseph Perez", says Thiago and he drinks the entire glass of water. "I'm sorry, I have to go".

He walks away from the corner, leaving Miss Klaycheswakim with a hard look at him. Thiago is in the beautiful blonde direction. She is standing alone next to the bar.

"Excuse me, my name is Kirk Sanchez, and I would like to know if you dance with me?", says Thiago with his biggest smile.

The blonde looks at him and smile back.

"Sorry. No ingles", she replies.

"Hmmm... Russian?", he insists.

"No, no, no... soy latina. Spanish! Español!", she laughs and starts a fast busload of words in Spanish.

Thiago barely nods, and keep smiling.

"Sí... sí..." he says to all the words that she is saying. He turns around and see two men back to back. He looks at the latina and she is explaying something about a car crash (maybe), her attention is more on her story than in Thiago.

Thiago take a step back, take the butt of one of the man and goes back in front of the blonde.

The man turns and look to the other.

"What do you think are you doing?" and hits the guy. The other man doesn't know whats going on, so kicks back. All the people gather around the fighters.

Even the blonde walks to the center of the circle to see what is going on.

The fighters are separate by a bunch of people. The latina laughs about the incident, then check her neck.

The necklace is gone... also Thiago.

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This is an exercise I posted in "The Writer's practice".

domingo, 10 de marzo de 2013

¡Feliz cumpleaños Gabriel! (conclusión)

MOSCA: Con esta escena terminamos el experimento del cumpleaños de Gabriel, pero para entenderlo debes empezar por la primera parte.

Con esta conclusión retomamos este espacio. Espero verlos más seguido por aquí.


¡Feliz cumpleaños, Gabriel! 
(3/3)




Ana prepara la cocina de su casa para hacer la última cena de su hermano Gabriel. Los invitados llevan a cabo diferentes tareas que les ha impuesto Esteban para que nadie pierda la cordura. Él mismo, junto a Pablo se han encargado de convertir el cuerpo en un montón de carne y huesos.

Es la 1:45 de la mañana, cuando salen del baño de visitas con los restos del cumpleañero en una bandeja.

Pablo y Esteban lucen impecables, a pesar de haber hecho un trabajo bastante sucio. Pasan a toda marcha desde el baño a la cocina, atravesando el comedor.

Alrededor de la mesa larga de madera oscura, están Juan Fernando e Isabel colocando los platos. Orquídea y Graciela limpian la sala, que está a solo unos pasos del comedor, para que no quede rastro del cuerpo que estuvo ahí hace unas horas.

GRACIELA
Chama, me preocupa Ana. Está preparando todo en la cocina como si esto fuera una comida más.

ORQUÍDEA
Quizás sea lo mejor para ella, a lo mejor es su manera de afrontar esto.

GRACIELA
¿Y cómo lo estás afrontando tu? Mira a Juan Fernando, lo he visto colocar la mesa al menos seis veces, pone los platos y los vuelve a recoger, coloca los vasos y los vuelve a recoger. Isabel está igual, como que quisieran que la mesa tuviera una alineación perfecta que será imposible de lograr.

Orquídea deja de limpiar la alfombra por un momento para ver a la pareja que trata de hacer la mesa.

ORQUÍDEA
Déjalos. Esa es la manera en que lo afrontan ellos... para mi... yo... yo no descansaré... hasta sacar estas manchas.

GRACIELA
Yo no sé, chama, yo no sé que pensar... no puedo dejar de ver la cara de Gabo, como cayó... como se suponía que esta iba a ser la mamá de las rumbas.

ORQUÍDEA
Deja la tortura mental, chica y ponte a echar cepillo. Enfócate en esta bendita mancha que no sale, después nos preocuparemos por comernos toda la comida y mañana o pasado, pensaremos en Gabriel.

GRACIELA
Orquídea... tu también crees que es una cena... normal...

Graciela vuelve a poner sus energías en la alfombra. De a poco. Cepilla primero sin fuerza y luego incrementa la energía.

Y apenas es la 1:52 de la mañana.

Ana, en la cocina, ya tiene un caldo hirviendo en una olla que es mucho más grande que ella. Usa un pequeño banco para poder echar los condimentos al agua. Esteban y Pablo atraviesan la puerta y ven como la sonrisa de Ana ha regresado a su rostro.

ANA
Me encanta cocinar ¿Saben? Yo quería hacerle la torta a Gabriel para su cumpleaños, pero no me dio tiempo. Tenía tantas cosas que hacer... pero me encanta cocinar, lo adoro.

Esteban y Pablo no dicen nada. Entre ambos sostienen la bandeja hasta el borde de los restos de Gabriel.

ANA
¿Ya lo trajeron? Vaya que son buenos y ni siquiera se han manchado ¡Hasta pareciera que lo hubieran hecho antes!

Ana ríe y no deja de mover una gran cuchara de madera. Pablo y Esteban se ven el uno al otro sin saber que decir.

PABLO
¿Dónde lo colocamos?

ANA
¡En la olla! Usted es lo suficientemente alto para echar eso ahí sin necesidad del banquito. Yo que soy bajita, sí lo necesito, aunque dicen que el cuerpo no se termina de estirar hasta los 25 y yo apenas tengo 18 años ¿Qué tal?

Esteban y Pablo ignoran a Ana, la apartan con pura indiferencia y vierten los restos de Gabriel en la olla. El vapor impregna la cocina. Ya son las 2:05 de la mañana.

La mesa luce impecable. Siete platos blancos destellan bajo la lámpara de la cocina. Siete vasos brillan de pura claridad en sus cristales. Siete juego de cubiertos están esperando a ser utilizados. Isabel pone el servilletero cargado de servilletas en el centro de la mesa y parece que es la guinda en el pastel de la elegancia.

JUAN FERNANDO
No me gusta. Le falta algo...

ISABEL
Sí, le falta la comida. Mira, Juan Fernando, hemos arreglado esto ya como 30 veces, son las 2:10 de la noche y ya lo que quiero es comer. No me importa nada, ni la mesa ni lo que me vaya a comer.

JUAN FERNANDO
¿Y si le cambiamos el mantel?

ISABEL
No vale. Ese mantel esta bien, además, que lo vamos a quemar después de usarlo, así que mucho es usarlo para esta locura.... No me importa nada. La mesa se queda así.

Juan Fernando empieza a recoger los vasos.

JUAN FERNANDO
Quizás necesitemos copas para el vino. No podemos cenar a esta hora con cervezas.

Isabel se recuesta de la mesa. Con lentitud se vuelve a levantar y ayuda a Juan Fernando a cambiar los vasos por copas.

Son las 2:30 de la mañana. Orquídea levanta los brazos y cae agitada al sillón de la sala.

ORQUÍDEA
¡Lo logramos, chama! Quitamos la bendita mancha de la alfombra. Ahora nos tenemos que limpiar y después... después.. bueno... ya veremos que pasa después...

Orquídea se levantó del sillón antes de que la tristeza le atacara. Graciela, lentamente se puso de pie. Se limpió una lágrima y se llevó el tobo, junto a los trapos y los cepillos que usaron.

Juan Fernando pone la última copa en la mesa. Isabel se sienta de una vez en el mismo puesto en que se había desplomado anteriormente.

JUAN FERNANDO
No me gusta. Le falta algo...

Isabel mira fijamente su plato en silencio. Juan Fernando está a punto de agarrar una copa, pero desde la cocina entran Esteban y Pablo con la tremenda olla. Isabel les hace espacio en la mesa. La última en llegar es Ana.
Orquídea y Graciela se unen al grupo en el comedor.

ESTEBAN
Bueno señores... buen provecho.

La comida olía mejor de lo que los invitados esperaban. El caldo bañaba los trozos de carne amorfos que caían en cada plato. Pablo repartía grandes porciones. Graciela se apresuró a servir el vino que habían traído. El resto tomaba sus asientos sin emitir ningún comentario.

El reloj de la sala marca las 2:59 de la mañana. Los invitados estaban a punto de comer la última cena con Gabriel.

ESTEBAN
Las porciones son grandes para que no quede nada. Tenemos que comernos todo.

GRACIELA
¿Y si...?

ESTEBAN
(furioso)
¡Y SI NADA! A mi tampoco me agrada la idea, pero es la única que se nos ocurrió. Con esta cena nos estamos salvando nuestro futuro. ¡COMAN!

Cada uno inspeccionaba el pedazo que le había tocado. Nadie se atrevía a meter el primer mordisco. Ni Esteban que temblaba cuando tenía una pieza de carne en su cuchara.

Orquídea trata de contenerse, pero finalmente expulsa todo lo que siente en lágrimas.

ORQUÍDEA
¡No es justo Gabriel! Yo que peleé contigo por ver que íbamos a cenar y ahora, me vienes con esta de que tengo que cenar contigo a juro... esto... no se vale... yo te iba a decir... para vivir juntos... irnos de esta mierda de país... irnos a vivir a la mierda.

Graciela abraza a su amiga y se echa a llorar también.

GRACIELA
Yo hice todo lo posible, amiga mía, pero aquí nadie quiso entender. Ni tu quisiste entender. Literalmente, tendremos que tragarnos nuestro futuro.

Ana ya no sonreía, solo veía el pedazo de carne que tenía frente a ella, rodeado de caldo.

Juan Fernando cierra los ojos y se mete un bocado grande en su boca. Lo mastica, lentamente, abre sus ojos y todos lo están viendo. Excepto Ana que seguía concentrada en su plato. 

JUAN FERNANDO
Sabe... a... cochino...

Son las 3:36 de la mañana y el silencio toma la casa de Ana una vez más.

Hasta que Esteban ríe... Ruidosamente, ríe con todos sus pulmones. Pablo se deja contagiar, mientras mueve el sancocho que tiene enfrente con su cuchara, no para de reir. Isabel también ríe. Lo siguen todos los demás. Risas descontroladas que retumban el comedor.

Ana está seria. 

ANA
¡CÁLLENSE!

Todos la ven.

ANA
Al menos tengan algo de respeto. Ahora coman, porque no soporto ver a mi hermano aquí tirado más tiempo.

Uno a uno empezaron a llevarse los bocados. Isabel lo hizo con toda la velocidad que pudo, sin mirar a los lados. Pablo y Esteban parecían comer al mismo ritmo, tratando de no ver lo que pasaba en el resto de la mesa.

Graciela y Orquídea detuvieron varias veces el vomito dentro de sus bocas. Se ayudaron con los dedos en sus labios a contener la expulsión. Se miraban y se les volvía a activar las náuseas. El vino no duraba mucho en sus copas para tratar de tragar lo máximo que pudieran.

Ana comió un plato lleno de carne. Luego otro. Con el tercero no le entraba más comida. Y no quedaba más que comer.

Eran las 4:10 de la mañana y nadie hablaba. Juan Fernando luchaba con no dormirse, al igual que Isabel que se apoyaba en su hombro. Graciela y Orquídea estaban cabizbajas frente a sus platos. Esteban vio que no quedaba más en la olla. Pablo se llevó los platos a la cocina.

4:12 am. Esteban salió de la casa.
4:15 am. Pablo no dijo nada antes de irse.
4:16 am. Isabel se despidió sin mirar atrás.
4:18 am. Graciela abrazó a Orquídea. Luego se levantó y se fue.
4:19 am. Juan Fernando le dio un beso en la frente a Ana y salió de la casa.
4:31 am. Orquídea se levantó y salió de la casa.

Los padres de Ana abrieron la puerta de la casa a las 9:00 de la mañana y vieron a Ana dormida en una de las sillas de la mesa, donde solo quedaban copas y una gran olla sopera.

Ambos rieron. La delicadeza de la madre tocó la espalda de Ana, quien saltó de un solo brinco. Vio a sus padres y se fue rumbo a su cuarto sin soltar ni una palabra.

Eran las 9:10 de la mañana.

Los padres de Gabriel habían regresado a casa.

(FIN)

sábado, 9 de marzo de 2013

¡Feliz cumpleaños Gabriel! (II)

SPOILER ALERT: La primera parte la pueden leer aquí.

Sino lo hacen, este texto no tendrá ningún sentido.

Ahora los dejo con la segunda parte.

¡Feliz cumpleaños, Gabriel!
(2/3)



Ana está llorando. No puede contener sus lágrimas al ver a su hermano Gabriel desparramarse en la sala de su casa con un cuchillo en la espalda y forma un charco de sangre sobre lo que era una alfombra blanca, a las 9:35 de la noche.

Ana corre a tratar de socorrer a su hermano. Pablo se apresura a cerrar la puerta de la casa. Juan Fernando trata de voltear a Gabriel. Orquídea se desmayó en los brazos de Isabel y Graciela corrió para socorrerla.

Los colores en la cara de Esteban habían huído, solo dejaron una inerte boca abierta en un rostro pálido.

ANA
¡NOOO! ¡MI HERMANO NO!

JUAN FERNANDO
¡Ana! ¡Ana! Ayúdame a voltearlo, quizás todavía respira.

Son las 9:45 y Pablo se convirtió en un testigo desde la puerta que mantiene cerrada con su cuerpo, después de haberle pasado todos los seguros. Esteban, que salió de su shock, revisa a través de la ventana a ver si hay alguien alrededor de la casa.

ANA
¡NO RESPIRA JUAN FERNANDO! NO RESPIRAAAA

Ana es arrastrada por Graciela, quien la jala de al lado de su hermano. Isabel bate su mano lo más rápido posible para que Orquídea respire. Juan Fernando le da otra vuelta al cuerpo sin vida de Gabriel y en un reflejo, saca el cuchillo de la espalda de su mejor amigo.

Isabel despierta justo en ese momento. Cuando las miradas de los invitados están puestas en la mano de Juan Fernando con el cuchillo.

ESTEBAN
¡¿Pero qué has hecho animal?! ¡Suelta el cuchillo!

El malhumorado se acerca desde la ventana a Juan Fernando, quien todavía seguía inerte con el arma blanca en la mano. Esteban lo empuja. El cuchillo cae al piso.

ESTEBAN
¿Pero tu no has visto películas suficientes? ¡Nunca debes tocar el arma homicida! ¡Cuando venga la policía verá tus huellas y creerá que tu lo mataste!

JUAN FERNANDO
Pero... pero ustedes me vieron...

PABLO
Pero nada. Para los ojos de la policía, tu lo mataste y nosotros somos tus complices.

Pablo mira el reloj, son las 10:00 de la noche. Orquídea recuperó el aliento y con ayuda de Isabel se levantó para dirigirse a Pablo.

ORQUÍDEA
¿De qué diablos hablan? Nadie aquí es complice de nadie. Aquí todos vimos lo que pasó. Gabriel entró y se desplomó frente a nosotros... con el cuchillo en la espalda.

ESTEBAN
¡No hay nadie alrededor de la casa! El asesino ya se habrá marchado. Aquí quedamos solo nosotros y somos los únicos sospechosos del caso.

Ana seguía llorando, abrazada por Graciela, cuyas lágrimas caían en el cabello de la hermana del difunto. Juan Fernando está de rodillas al lado del cadaver, tratando de sacar una ídea de su mente.

JUAN FERNANDO
¡Ya sé! Lavamos el cuchillo y se lo volvemos a colocar a Gabriel en la herida...

Ana interrumpe con un fuerte llanto.

JUAN FERNANDO
¡Pero si a él ya no le dolerá!

ESTEBAN
¡De verdad que eres bien bolsa! ¿No ves que no puedes hacer dos heridas exactas? ¡Si limpias el cuchillo vas preso más rápido por manipular evidencia, muchacho bruto!

Juan Fernando vuelve a adoptar la posición que tenía antes de hablar. 

El reloj de la sala marca las 10:09 de la noche.

Orquídea se limpia las lágrimas, respira profundo, ve hacia el techo y finalmente rompe el silencio alrededor del cadáver.

ORQUÍDEA
Entonces ¿Qué plantean los criminólogos que hagamos?

ESTEBAN
Sin ironías, señorita Orquídea, que aquí el señor Pablo y mi persona, solo somos dos contadores que vinimos a celebrar el cumpleaños de un compañero de trabajo ¿Me entendió? Lo que pasa es que parece que nuestro sentido común está más desarrollado que el del caballero aquí presente.

Juan Fernando se levanta y empuja a Esteban. Orquídea se interpone entre los dos que inician un intercambio de empujones e insultos.
Esteban toma de la camisa a Juan Fernando y este trata de imponer su físico al agarrar a su oponente por el cuello, pero Orquídea no le deja. Juan Fernando trata de zafarse de ella y la dama cae... justo al lado del cuerpo de Gabriel.

El silencio embarga la sala a las 10:21 de la noche.

Orquídea se voltea y ve el rostro apagado de su amante. No puede evitar sentir un dolor fuerte desde lo más profundo de su ser, que le estalla en sus ojos, en forma de lágrimas.

ORQUÍDEA
¡NUNCA TE PUDE DECIR LO MUCHO QUE TE AMO! ¡Y PENSAR QUE NOS LASTIMAMOS MUCHO LA ÚLTIMA VEZ QUE HABLAMOS! ¡PERDÓN! ¡PERDÓN!

La novia de Gabriel le abraza sin importar que solo sea su cuerpo sin vida, sin importar que esté sobre un charco de sangre. Entre Juan Fernando e Isabel la logran separar del cadáver.

Esteban se acerca a Pablo, quien sigue aferrado a la puerta.

ESTEBAN
Terminaron de dañar la escena. Es imposible que salgamos limpios de esta.

PABLO
La única manera de salir de esto, es... llenos de sangre.

Orquídea abraza a Ana y a Graciela. Isabel busca refugio en los brazos de Juan Fernando. Esteban (parado) y Pablo (sentado de espalda a la puerta) ven fijamente el cuerpo en medio de la sala.

Solo se escucha la manecilla del segundero, mientras que el reloj anuncia las 10:50 de la noche.

Pablo vacila, desde su posición intenta hablar. Pero las palabras no salen. Respira profundo y suelta.

PABLO
En ciertas culturas, es normal perder un miembro de la familia en presencia de otros. Es normal ver caer muerto a tu tío... tu padre... o un hermano...

Las palabras de Pablo van rodeando el ambiente. Mientras que lo escuchan, se levanta y camina hacia el cuerpo. Esteban lo acompaña.

PABLO
... Lidiar con la muerte es algo tan rutinario, que ya están acostumbrados a vivir con ella. Ya le han dado un espacio, literalmente dentro de cada miembro de la comunidad. Al final, todos somos... iguales.

Ana habla por primera vez desde que detuvo el llanto hace más de una hora. Su voz es frágil, algo ronca.

ANA
Señor Pablo, con todo mi respeto, no entiendo nada de la clase de cultura que nos está dando, sobre todo porque me distrae el cuerpo de mi hermano en el piso.

PABLO
Nadie va a salir ileso de esto. Nadie va a salir limpio de esta situación. Por lo que les digo, abracen a la muerte. Denle espacio dentro de ustedes... hagámos como esas culturas, que les decía... creo que la única manera de deshacernos del cadáver, es comiéndonoslos.

El silencio tenso ocupó la sala. Ese mismo silencio afilado que aparece justo antes de una gran tormenta. Y así mismo se rompió, con gritos de todos lados.

Ana volvió a los brazos de sus dos amigas y gritaban algo que no parecía tener sentido. Juan Fernando era contenido por Isabel y Esteban. Pablo estaba de brazos cruzados al lado del cuerpo de Gabriel.

PABLO
¡Es la única idea que he escuchado esta noche para deshacernos del cadáver! ¡Despierten niñitos! Si la policía entra por esa puerta bajo este escenario TODOS ESTAMOS PERDIDOS.

Ana volvió a llorar en silencio. Orquídea trató de decir algo pero se escucharon solo lamentos. Graciela seguía aferrada a sus amigas. Juan Fernando tenía la vista plantada en el piso.

ISABEL
Yo... yo no quiero parecer loca... como pareciera el señor Pablo ahora... pero... pero yo no quiero ir a la cárcel y haré lo que tenga que hacer para no ir al calabozo. O sea, tengo 18 años de edad y empiezo las clases de la universidad en octubre.

JUAN FERNANDO
¡Que no quieres parecer loca! ¡Pero escucha lo que dices, Isabel! Ni siquiera deberíamos estar hablando del tema. Lo que debemos hacer es llamar a la policía.

ESTEBAN
¡SIN POLICÍA, DEMONIOS! ¿Qué quieres que hagamos? ¿Enterrar el cuerpo? ¿Nos lo llevaríamos en su camioneta? ¿No crees que los vecinos sospecharían algo si vieran que Gabriel no está manejando su nave? ¿No era él así, pues? ¡Prepotente con su camionetota!

ORQUÍDEA
¡BASTA, ESTEBAN! Claro que no podemos enterrar el cuerpo... pero... pero... pero...

PABLO
¿Pero qué? ¿Ah, niñita linda? ¿Pero qué? Quiero escuchar mejores ideas y punto.

11:40 de la noche. Llevaban casi una hora de discusión, pero nadie le había podido refutar las palabras al canoso Pablo.

ISABEL
Yo.. yo... haré lo que haga la mayoría, pero por lo pronto... lo de comernos a Gabriel parece la única salida que tenemos de esto... la menos violenta... la que nos salva de la cárcel.

Graciela se separa y deja a Orquídea acariciando a Ana para tratar de calmarla.

GRACIELA
A mi me gustaría que si discutimos esta opción que no sea frente a Ana... con tal es su hermano... y...

ESTEBAN
Nadie deja esta sala hasta que hayamos tomado una decisión. 

GRACIELA
Pero... pero Esteban... lo que estamos hablando es algo ilógico... es algo...

ESTEBAN
Estamos protegiendo el futuro de todos.

GRACIELA
¡Ni siquiera me escuchas! ¡Vamos a pensarlo una hora más!

Ana estalla en un grito que deja a todos pasmados. Se levanta de al lado de Orquídea, camina al lado de su hermano y dice.

ANA
Hagámoslo... cenemos a mi hermano... No... soporto... verlo más tiempo ahí tirado. Perdóname, hermanito.

Son las 12:15 de la madrugada. Está decretado el asunto. Los invitados a la fiesta se comerán a Gabriel, unas horas después del día de su cumpleaños.

(Continuará...)